Rosario de la Victoria por la Sangre de Jesús

La poderosa devoción a la Sangre de Jesús en el Rosario de la Victoria

Les presentamos el Rosario de la Victoria por la sangre de Jesús, un rezo poderoso que nos conecta con la fe y la protección divina. A través de este rosario, invocamos la sangre sagrada de Jesús, que brotó de su corazón, para obtener victoria sobre nuestros enemigos y liberación de nuestros pecados.

El inicio del rezo

La señal de la Santa Cruz

Iniciamos este rosario haciendo la señal de la Santa Cruz, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

El Credo

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Acto de contrición

Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy y me pesa de todo corazón, porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío en tu infinita misericordia para obtener el perdón de mis culpas y la vida eterna. Amén.

El rosario

Primer misterio: La sangre de Jesús nos libera de nuestros pecados

Rezamos el Padre Nuestro:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén.

En las cuentas pequeñas repetimos la siguiente oración:

Yo soy victorioso por la sangre de Jesús

Segundo misterio: La sangre de Jesús quiebra las maldiciones

Rezamos el Padre Nuestro:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén.

En las cuentas pequeñas repetimos la siguiente oración:

Por el poder de la sangre de Jesús, quiebro todas las maldiciones que pesan sobre mí, mi familia y mi patria.

Los poderosos efectos de la sangre de Jesús

En este blog queremos compartir contigo la importancia de la sangre de Jesús y cómo puede liberarnos de maldiciones y brindarnos armonía en nuestras relaciones. A continuación, te presentamos una poderosa oración:

Quiebro de maldiciones

Por el poder de la sangre de Jesús, quiebro todas las maldiciones
que pesan sobre mí, mi familia, mi patria y el mundo entero
. Que su poderoso sacrificio nos libere y nos guíe hacia la paz y el amor.

Por nuestras relaciones afectivas

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Te pedimos que tu reino venga a nosotros y que tu voluntad se haga en la tierra como en el cielo. Intercedemos por nuestras relaciones con los padres, esposas, hijos y amigos. Que la sangre de Jesús mantenga la armonía y el amor en nuestros corazones.

Por la disolución de la desarmonía

En las cuentas pequeñas de nuestro rosario, rezamos por el poder de la sangre de Jesús, que disuelve toda desarmonía, problemas y falta de comprensión en nuestras vidas, para que fluya el amor entre nosotros. Que su sangre nos brinde la fuerza y la claridad para superar cualquier conflicto.

Recuerda la importancia de orar y confiar en su sacrificio para experimentar su amor y misericordia.

Quiebra y disuelve la desarmonía con el poder de Jesús

En el nombre de Jesús, quiebro y disuelvo toda desarmonía, diferencias, problemas y falta de comprensión en nuestras vidas. Pedimos que fluya el amor a través del poder de la sangre de Jesús. Esta oración nos ayuda a buscar la armonía y el entendimiento en nuestros corazones y en nuestras relaciones.

Rezando por el trabajo y las dificultades

Clamamos por la sangre de Jesús para quebrar todas las dificultades en nuestros trabajos y en los de nuestra familia. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén.

En las cuentas pequeñas se reza por el poder de la sangre de Jesús para quebrar todas las dificultades en nuestro trabajo y en los de nuestra familia. Esta oración nos ayuda a confiar en que Dios proveerá y nos ayudará a superar cualquier obstáculo en nuestro camino laboral.

Orando por la salud

Clamamos por la sangre de Jesús por nuestra salud mental, psicológica, espiritual y física, y la de todos aquellos por los cuales somos responsables y nos piden oración. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén.

En las cuentas pequeñas se reza por el poder de la sangre de Jesús que ha restaurado nuestra salud y la de todos aquellos por quienes somos responsables y nos piden nuestras oraciones. Esta oración nos ayuda a confiar en la sanación y el cuidado divino en todas las áreas de nuestra vida.

Restauración de la salud a través de las oraciones

Somos responsables y pedimos nuestras oraciones por el poder de la sangre de Jesús. Se ha restaurado nuestra salud y la de todos que han sido bendecidos por su amor y gracia.

Somos responsables y pedimos nuestras oraciones por el poder de la sangre de Jesús. Se ha restaurado nuestra salud y la de todos los que confían en su infinita misericordia.

Como hijos desterrados de Eva, clamamos a la Virgen Santísima. Dios te salve, reina y madre de misericordia, vida dulzura y esperanza nuestra.

Dios te salve, a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. O clemente, o piadosa, o dulce virgen María.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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