El poderoso Rosario de la Armadura Espiritual: Una guía celestial para proteger tu alma

En este artículo, exploraremos la práctica espiritual de los sabios de la armadura espiritual, un método guiado por la Virgen María. Esta práctica es comúnmente realizada mediante la recitación de cinco decenas del rosario, que permite conectarnos con lo divino y obtener protección. A continuación, presentamos una guía detallada de cómo llevar a cabo esta poderosa oración:

Rosario de la Armadura Espiritual  dado por la Virgen María

Padrenuestro y Credo

Comenzamos el rezo haciendo la señal de la Santa Cruz, invocando la presencia divina: "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén". Luego, recitamos el Credo, que expresa nuestra fe en la Santísima Trinidad y en Jesucristo como nuestro Salvador. A través de estas palabras, afirmamos nuestra conexión con Dios y la redención a través de Cristo.

Las decenas del rosario

En las cuentas grandes del rosario, recitamos el Padrenuestro, una oración que nos enseñó Jesús mismo. En esta oración, pedimos provisión diaria, perdón de nuestros pecados y protección contra la tentación y el mal. En las cuentas pequeñas, recitamos un Ave María, un saludo a la Virgen María y una petición para que interceda por nosotros ante Dios. Esta secuencia se repite hasta completar las cinco decenas, lo que nos permite profundizar en la conexión con la divinidad y recibir su gracia.

Plegarias a María Santísima

Líbranos del mal, amén. María Santísima, sagrario viviente del Dios uno y trino, ruega por nosotros que somos tan pecadores (destacado).

Ave María Purísima

Ave María purísima, sin pecado concebida, María Santísima (destacado). Ave María purísima, sin pecado concebida, María Santísima. Ave María purísima, sin pecado concebida, María Santísima.

El Padre Nuestro

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo (destacado). Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén.

Ruega por nosotros

María Santísima, sagrario viviente del Dios uno y trino, ruega por nosotros que somos tan pecadores. María Santísima, crea en nosotros un espíritu puro y renueva nuestras fuerzas (destacado). María Santísima, sagrario viviente del Dios uno y trino, ruega por nosotros que somos tan pecadores. María Santísima, crea en nosotros un espíritu puro y renueva nuestras fuerzas. María Santísima, sagrario viviente del Dios uno y trino, ruega por nosotros que somos tan pecadores. María Santísima, crea en nosotros un espíritu puro y renueva nuestras fuerzas.

Rezos a María Santísima

María Santísima, ruega por nosotros, pecadores

María Santísima, sagrario viviente del Dios Uno y Trino, intercede por nosotros, que somos débiles y necesitamos de tu ayuda. Ave María purísima, sin pecado concebida.

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén.

María Santísima, ruega por nosotros, pecadores

María Santísima, sagrario viviente del Dios Uno y Trino, intercede por nosotros, que somos débiles y necesitamos de tu ayuda. Ave María purísima, sin pecado concebida.

Al terminar el rosario, se dice la salve. "Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve. A ti clamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas."

Nuestra Señora de la Misericordia, ruega por nosotros

En este valle de lágrimas, dirigimos nuestra mirada a Nuestra Señora de la Misericordia, abogada y protectora. Ella vuelve hacia nosotros sus ojos misericordiosos en medio de nuestras dificultades y sufrimientos. Como hijos suyos, le pedimos que nos muestre a Jesús, el fruto bendito de su vientre. Oh clemente, piadosa y dulce Virgen María, ruega por nosotros, para que podamos ser dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

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