ORACION A SAN PANCRACIO  para solucionar urgentes y grandes necesidades

La poderosa oración a San Pancracio: solución a tus urgentes y grandes necesidades

Glorioso y bienaventurado San Pancracio, en la hermosa niñez que se presentaba para ti con las promesas del mundo, renunciaste magníficamente a todo para abrazar la fe sin condiciones y servir a nuestro Señor Jesucristo con gran espíritu de caridad, entrega y profunda humildad. Ofreciste alegremente vuestra vida con un sublime martirio. Escucha, te suplicamos, esta plegaria memorable.

Súplica a San Pancracio

San Pancracio, tú que proclamas venir a mí y usaré todos los bienes, te rogamos humildemente que tomes en consideración nuestras grandes necesidades y nos des ayuda en esta dolorosa situación. Continúa intercediendo ante nuestro amado Jesús para que nuestras solicitudes sean atendidas y concedidas con celeridad. Permítenos superar esta dura circunstancia y obtener una viva fe que nos sirva de luz mientras peregrinamos en este mundo y un ardiente amor hacia Dios por encima de todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, bondadoso niño Samphan. Obtén para todos nosotros la felicidad en la tierra para que alcancemos la del santo paraíso.

Oración a la Santísima Trinidad

Padre Eterno, creo en todo lo que es de fe y con ella quiero vivir y morir. Por intercesión de San Pancracio, concédeme a mí y a mi familia buena salud para cumplir nuestras obligaciones. A continuación, rezamos un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Oración al Hijo de Dios Joven

Jesús joven, que a todos nos ayudas, concédeme la virtud de la esperanza en tus promesas, como lo hizo San Pancracio que siempre confió en tu providencia. Así podré conseguir, por su intercesión, trabajo y éxito en las cosas que emprenda para atender a mis necesidades y las de mi familia. A continuación, rezamos un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Oración al Espíritu Santo

Oh Espíritu Santo de amor y bondad, concédeme la virtud de la caridad para amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo por amor a Dios, como lo hacía San Pancracio. Por su intercesión, confío en alcanzar esta gracia y la de verme libre de desgracias y personas malintencionadas. A continuación, rezamos un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Siempre por los siglos de los siglos, amén. A continuación, rezamos con mucho fervor y confiando en la poderosa intercesión de San Pancracio. Tienes que hacer las oraciones por tres días seguidos.

Notas sobre la vida de San Pancracio

San Pancracio es un santo romano del siglo cuarto que fue martirizado por declararse creyente y partidario de nuestro Señor Jesucristo. Según la tradición, su padre murió martirizado y su madre cogió en unos algodones un poco de la sangre del mártir y la guardó en un relicario de oro. Le dijo al niño: "Este relicario lo llevarás colgado al cuello cuando demuestres que eres tan valiente como lo fue tu padre".

Valentía y martirio

Un día, Pancracio volvió a la escuela muy golpeado pero muy contento. Su madre le preguntó la causa de aquellas heridas y, en la alegría que mostraba el jovencito, le respondió: "Es que en la escuela me declaré seguidor de Jesucristo y todos esos paganos me golpearon para que abandonara mi religión. Pero yo deseo que de mí se pueda decir lo que el libro santo afirma de los apóstoles: 'En su corazón había una gran alegría por haber podido sufrir humillaciones por amor a Jesucristo'".

Al oír esto, su madre tomó en sus manos el relicario con la sangre del padre martirizado y, colgándolo al cuello de su hijo, exclamó emocionada: "Muy bien, ya eres digno seguidor de tu valiente padre, como Páncreas".

Pancracio continuaba afirmando que él creía en la divinidad de Cristo y que deseaba ser siempre su seguidor y amigo. Las autoridades paganas lo llevaron a la cárcel y lo condenaron a muerte.

Cuando lo llevaban hacia el sitio de su martirio en la Vía Aurelia, a dos kilómetros de Roma, varios enviados del gobierno llegaron a ofrecerle grandes premios y muchas ayudas para el futuro si dejaba de decir que Cristo es Dios. El valiente joven proclamó con toda la valentía que él quería ser creyente en Cristo hasta el último momento de su vida.

Entonces, para obligarlo a desistir de sus creencias, empezaron a soltarlo ferozmente mientras lo llevaban hacia el lugar donde lo iban a martirizar. Pero mientras más lo azotaban, más fuertemente proclamaba que Jesús es el Redentor del mundo. Varias personas al contemplar este maravilloso ejemplo de valentía se convirtieron al cristianismo.

Al llegar al sitio determinado, Pancracio dio las gracias a los verdugos porque le permitirían ir tan pronto a encontrarse con nuestro Señor Jesucristo en el cielo. Invitó a todos los allí presentes a creer siempre en Jesucristo a pesar de todas las contrariedades y de todos los peligros.

Con mucha buena voluntad, se arrodilló y colocó su cabeza en el sitio donde iba a recibir el hachazo del verdugo. Más parecía sentirse contento que temeroso al ofrecer su sangre y su vida por proclamar su fidelidad a la verdadera religión.

Allí, en Roma, se levantó un templo en honor de San Pancracio.

El templo de San Pancracio ha sido desde hace muchos siglos un lugar de veneración y admiración. En este santuario se encuentra el glorioso ejemplo de un valeroso muchacho de 14 años. Él supo ofrecer su sangre y su vida, demostrando su fe en Dios y su amor por Jesucristo.

La historia de Pancracio

Pancracio fue un joven valiente que no temía a los desafíos. A pesar de su corta edad, se mantuvo firme en su creencia y en su amor hacia el Señor. Su historia es un testimonio de fortaleza y perseverancia en medio de la adversidad.

La valentía de un mártir

Pancracio se convirtió en un mártir de la fe al enfrentarse a la persecución y al martirio. A pesar de su corta vida, dejó una huella imborrable en la historia del cristianismo. Su firmeza en la fe y su disposición para sacrificarse por sus creencias son un ejemplo para todos nosotros.

Un ejemplo de fe y amor

La historia de Pancracio nos inspira a fortalecer nuestra fe en Dios y a amar a Jesucristo con todo nuestro corazón. Aprendamos de su valentía y de su disposición para darlo todo por nuestra fe. Sigamos su ejemplo y confiemos en que Dios nos dará la fuerza necesaria para superar cualquier obstáculo.

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