NOVENA N2 A NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES OCTAVO DIA 8 SEPULTURA DE JESÚS Y SOLEDAD DE MARÍA

La última agonía de Jesús y el sufrimiento silencioso de María en la sepultura

Para iniciar, hagamos la señal de la Santa Cruz y recemos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oh Dios nuestro, que quisiste que la madre de tu Hijo estuviera junto a la cruz, participando en sus sufrimientos, te pedimos que concedas a tu Iglesia asociarse con María en la Pasión de Cristo y así también participar en su gloriosa resurrección.

Virgen Santísima de los Dolores, te pedimos que nos mires mientras llevamos nuestra cruz diaria. Compadécete de nuestros dolores, al igual que nosotros nos compadecemos de los tuyos. Acompáñanos en el camino doloroso del Calvario junto a tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor. Ayúdanos a sufrir con amor, esperanza, paciencia y aceptación, para que nuestro dolor, unido al tuyo y al de tu Hijo, tenga valor redentor y se convierta en gracia para la salvación del mundo.

Octavo día: Sepultura de Jesús y Soledad de María

Al atardecer llegó un hombre rico de Arimatea llamado José, quien también se había convertido en discípulo de Jesús. Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran. Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro y se fue. María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al sepulcro.

Oración conclusiva

Junto a la cruz de su Hijo, la Madre llorando se ve, el dolor la ha crucificado, el amor la tiene en pie. Quédate de pie, de pie junto a Jesús, que tu Hijo sigue en la cruz. Cruz del lecho de los enfermos, de los niños sin un hogar. Cruz del extranjero, de aquellos que sufren en soledad. Cruz de la injusticia y miseria, de los marginados de hoy. Cruz de tantas falsas promesas y de la espera. Cruz del abandono de amigos, del olvido y de la traición. Cruz de la amenaza y del miedo, de la tortura y la prisión. Cruz de los que, sin esperanzas, sufren sin saber para qué. Cruz de los enfermos del alma, aquellos que han perdido la fe.

Ruega por nosotros, Virgen de los Dolores, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

A lo largo de nuestras vidas, enfrentamos sufrimientos y dolores que pueden hacernos sentir solos y desesperados. Sin embargo, en medio de estos momentos difíciles, podemos encontrar consuelo en la fe y la oración.

Rezar a través de la Virgen María

En la tradición cristiana, la Virgen María es vista como madre y modelo de fe. Alzamos nuestras oraciones a través de ella, buscando consuelo y fortaleza. Jesucristo nos enseñó a acudir a María en momentos de necesidad, confiando en su intercesión poderosa.

Pidiendo la intercesión de María

En nuestra oración, podemos pedir a la Virgen María que interceda por nosotros ante Dios. Podemos confiar en que ella conoce nuestros sufrimientos y dolores mejor que nadie, y que está dispuesta a estar a nuestro lado en cada momento.

Las siete gracias de la Virgen María

Según la revelación de Santa Brígida, la Santísima Virgen María ofrece siete gracias a aquellos que rezan diariamente siete Avemarías, honrando sus lágrimas y dolores:

  1. Serán iluminados en los divinos misterios.
  2. Los consolará en sus penas y acompañará en sus trabajos.
  3. Les dará cuanto le pidan, siempre que no se oponga a la voluntad de Dios.
  4. Los defenderá en los combates espirituales contra el enemigo infernal.
  5. Los asistirá visiblemente en el momento de su muerte.

La devoción a las lágrimas y dolores de María

¡Dios te salve, María! Llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Nosotros, pecadores, buscamos el perdón de Dios en cada momento de nuestras vidas. Sabemos que solo a través de su misericordia podemos encontrar la felicidad eterna.

La devoción a las lágrimas y dolores de María nos ofrece un camino directo hacia la redención. Al propagar esta devoción, nuestras almas serán trasladadas de esta vida terrenal a la felicidad eterna. Todos nuestros pecados serán borrados, y Jesús y María serán nuestra consolación y alegría.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, comenzamos cada oración. Reconocemos la Trinidad divina y nos encomendamos a su amor y protección en cada momento de nuestras vidas.

En este blog religioso cristiano, te invitamos a adentrarte en la belleza de la fe. A través de las oraciones, rezos y plegarias, podrás encontrar consuelo y esperanza en medio de las pruebas y dificultades de la vida.

Te invitamos a compartir este mensaje de amor y fe con quienes te rodean. A través de nuestras palabras y acciones, podemos ser testigos del poder transformador de la gracia divina.

En cada artículo de este blog, podrás encontrar reflexiones espirituales, enseñanzas bíblicas y guías de oración. Nuestro objetivo es nutrir tu alma y fortalecer tu relación con Dios.

Dios te bendiga y te acompañe en tu camino espiritual. Que la luz divina ilumine tus pasos y te guíe hacia la plenitud de la vida eterna.

Artículos relacionados

Deja un comentario