LOS SIETE DOLORES DE LA VIRGEN MARIA

Los siete dolores de la Virgen María: comprensión y devoción en la fe católica

Primer dolor: La profecía de Simeón

Contempla el primer día los filos de esta espada que traspasó el alma mía, cuando escuché que declaran la amarga profecía: "Presente amigo, el templo como la ley lo mandaba, sin miedo con regocijo en sus brazos lo tomaban, y estas palabras me dijo señora: este hijo mío amado, querido que tanto se estima, lo verá preso, azotado, coronado de espinas y muriendo crucificado."

Si me ayudas a pasar el dolor que sentí en tan amarga pasión, has de conseguir por mí el perdón del Salvador.

Segundo dolor: La huida a Egipto

El segundo dolor fue cuando, para matar a mi hijo, Herodes, iracundo, quiso degollar según dijo, los hijos inocentes del mundo. Un ángel del cielo vino ya aviso a mi esposo que emprendíamos camino. Que venía Herodes furioso, con su ejército maligno. Cogí a mi hijo en brazos, con premura me fui a Egipto andando con lentos pasos. Considera qué conflicto, el corazón se me hacía pedazos. Cada instante la vista volvía, por ver si acaso el tirano seguía. Sin dormir, sin descansar, sin la mayor prevención. Afligido el corazón, caminaba uno de los ladrones sin tasa, no salieron lloraron, escuchando lo que pasaba. Hablando su corazón, con los esposos en su casa.

Si hago lo que tú dices, te contaré lo que yo haré por ti: conseguir el perdón del Señor.

Tercer dolor: La pérdida del Niño Jesús

Tercer dolor fue cuando tres días estuve perdido mi bien. Contempla la seguridad que tú también llorarás las amargas penas, mi esposo con Jesús al templo fuimos los tres. Habiendo llegado un gran concurso, vimos de gente allí congregada, un festín grande que había, viendo se ha acabado todo. Al templo me salía, y José con gran cuidado por otra puerta venía reuniendo. No los dos yo a mi esposo pregunté, José, ¿dónde está el Hijo de Dios María? Yo no lo sé, yo no sé que iba con vos y ese de Dios María. Como sin sentido, el corazón partido, creo, llorando su amarga suerte, era Jesús perdido.

Si a Jesús tienes perdido, por su culpa ven a mí. Cuando te encuentras afligido, así descanso tendrás cumplida.

Cuarto dolor: El encuentro con Jesús en la calle de la amargura

El cuarto olor fue cuando por la calle de la amargura vi a mi hijo caminar. Cada paso tropezaba, haciendo la Cruz tomar, sin poderla levantar. Tanto dolor fue el monstruo y tanto embarazo mostró, que junto a Él cayó. Jesús, mi vida, no más ver te quiero, y abrazarte quiero a mí Junto a mis pechos, en silencio rude, el rostro, ensangrentado y pálido. Cual lirio en su raíz, la vida roto, y en la penitencia mi niño amado vio lo que tan inmenso me costó.

Si al Ave María pides, María con su amor te ayuda. Porque a su Hijo siempre amó, desde siempre y para siempre vivirá.

En este artículo, vamos a compartir algunos rezos, oraciones y plegarias para fortalecer nuestra fe y conectarnos con Dios. Estas palabras sagradas nos brindan consuelo, esperanza y dirección en nuestra vida espiritual.

Rogando a Dios en momentos de angustia

Cuando enfrentamos situaciones difíciles y nos sentimos abrumados, podemos recurrir a Dios en oración. Señor, te suplico que me des fuerzas para superar estos momentos de angustia. Necesito tu guía y apoyo para encontrar un sentido en medio de la adversidad.

También podemos <elevar nuestras plegarias> a través de la Virgen María, quien intercede por nosotros ante Dios. María, madre amorosa, sé mi refugio y protégeme en este tiempo de dificultades.

La crucifixión de Jesús y su promesa de ayuda

Pensemos en el sufrimiento que Jesús soportó en la cruz por amor a nosotros. En medio de su dolor, pronunció estas palabras: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Es un recordatorio de que incluso en los momentos más oscuros, podemos confiar en la protección divina.

A Jesús se le dieron sepultura en un lienzo limpio y blanco, y al momento de ser amortajado, los sentimientos de tristeza y angustia de su madre María eran indescriptibles. María expresó con amor: "Hijo mío, muy amado, ¿quién te ha puesto estas espinas?"

Un momento sagrado: el entierro y la despedida

Ya ha llegado la hora del entierro sagrado, donde encontramos consuelo en medio de la tormenta. Que cesen las penas tan duras cuando entregamos el cuerpo sangriento para darle una digna sepultura. Yo, agradecido al final, le decía a mi hijo amado: "Toma esta prenda mía". Sanjuán y Magdaleno me cogieron de la mano, ambos cubiertos de pena. Siguiendo los pasos hacia el sepulcro, llegamos al monumento donde, con piedad, cubrieron el santo cuerpo con rosas. Una luz triste ilumina esta dolorosa escena, donde el sepulcro contempla a su hijo con dolor y amargura. Está vivo y sepultado, muerto y con vida. En esta llegada herida, el que era su luz quería..."

La dolorosa escena y las siete espadas

Todas estas siete espadas traspasaron mi corazón. Junto a ellas, templadas, ganarás el galardón de la celestial morada. Eres una prenda de inmenso valor por tu angustia y dolor. Oh, madre mía, no nos abandones ni en la vida ni en la muerte, ni ante el tribunal de Dios.

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