Evangelio del día Jueves 01 de Septiembre  Lectura del santo evangelio según san Lucas 5 1  11

La pesca milagrosa: un encuentro transformador con Jesús en el mar

Oración con el Evangelio del día

Un saludo muy especial a toda la comunidad de Oraciones para Todos. El día de hoy vamos a orar con el Evangelio. Hoy es jueves, primero de septiembre y la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Iniciamos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Primera Lectura: Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios, capítulo 3, del 18 al 23:

Hermanos, que nadie se engañe: si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: "El caza a los sabios en su astucia" y también el Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos. Así pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro, todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo del día, Salmo 93, versículos del 1 al 2, del 3 al 4 y del 5 al 6. Después de cada salmo, respondemos: "Del Señor es la tierra y cuanto la llena".

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes. Él la fundó sobre los mares, la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.

El Señor recibirá la bendición, le hará justicia el Dios de salvación. Esta es la generación que busca al Señor, que busca tu rostro, Dios de Jacob.

Evangelio del día: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas, capítulo 5, versículos del 1 al 11:

En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla. Los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que le apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Muntémonos mar adentro y echad vuestras redes para la pesca." Respondió Simón y dijo: "Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada, pero por tu palabra echaré las redes." Y puesto a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventar.

Señalar que tan grande fue la pesca, que hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas hasta el punto de casi hundirse. Al ver esto, Simón Pedro se...

Jesús llama a los pecadores

En el evangelio de hoy, un hombre pecador se echó a los pies de Jesús, diciendo: "Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador". El estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él debido a la redada de peces que habían recogido. Lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón: "No temas, desde ahora serás pescador de hombres". Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron. Palabra de Dios. Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del evangelio de hoy

El señor penetra los pensamientos de los sabios. Ser sabio en el mundo grecolatino, en tiempos de Pablo, era el ideal del ser humano. Ser sabio era vivir según el modelo de Jesús de Nazaret, ser perfecto como ser humano. No solo se trataba de ser erudito, sino de vivir de acuerdo con la sabiduría. La humildad se acerca hasta casi igualarse con la sabiduría.

Además, lo que tenemos de sabio no se debe a nuestro exclusivo esfuerzo. Todos recibimos sabiduría de otros, de los contemporáneos y de los que nos precedieron. En el texto, Pablo dice a los Corintios que Apolo, Cefas son de ellos, es decir, su predicación y su estilo de vida los Corintios la hacen suya.

Todos somos de Cristo. Hacemos nuestra su palabra, su conducta, su persona. Por eso, también somos de Dios. Nos aproximamos a ser sabios cuando reconocemos lo que debemos a los demás, lo que hemos encontrado en nuestra vida, lo que convivimos y a los que nos precedieron.

Sobre todo, reconocer lo que debemos a Jesús de Nazaret, a su enseñanza y doctrina. Debemos preguntarnos si somos lo suficientemente humildes y sabios para reconocer que lo mejor de cada uno se debe en gran parte a lo recibido de Dios y de los demás.

La multitud busca a Jesús

La gente se agolpa en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. El texto evangélico nos presenta lo que algunos estudiosos llaman la primavera de Galilea, es decir, los momentos en que Jesús se siente acogido por los galileos. Le consideraban uno de los suyos, galileo de Nazaret.

La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios. Según el texto, los oyentes entendían que lo que Jesús proclamaba venía de Dios. Nada más elevado se podía decir de él. Jesús, como solía ser, buscaba después de su contacto con la multitud momentos de instancia de ella. Por eso, pide remar mar.

La importancia de confiar en Jesús

Adentro, como si quisiera estar cerca de Pedro, Santiago y Juan, para confiarles algo a ellos solo, y lo que confía es que se incorporen a su proyecto de ser pescadores de hombres.

La respuesta - Pero no solo de él, sino también de los otros hombres. Fue dejarlo todo y seguirle. No podemos pasar por alto que previo a que Jesús le confiara la misión de ser pescador de hombres, Pedro reconoció su condición de pecador que no resistía la presencia de Jesús.

Jesús cuenta con pecadores que lo reconocen, hombres y mujeres vulnerables y débiles también moralmente. Eso sí, siempre que sean conscientes de ello. En la línea de la primera lectura, no podemos vernos como sabios, porque no lo éramos.

Esta lectura nos permite reflexionar sobre cómo nos vemos nosotros ante Jesús. Nos sentiremos pecadores, como Pedro, pero a pesar de nuestras limitaciones estamos dispuestos a asumir lo que Jesús quiere de nosotros.

Decía "¡Uy!" - Nadie es digno de educar. Hemos de decir: "Nadie es digno de ser pescador de hombres", pero desde la indignidad como Pedro, hemos de seguir al maestro, seguir a Jesús.

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