Coronilla a la Preciosa Sangre de Cristo  Oración Poderosa

La Coronilla: Una Oración Poderosa a la Preciosa Sangre de Cristo

Iniciación:

Comenzamos con la señal de la Santa Cruz. Líbranos, Señor, de nuestros enemigos. Amén.

Recitamos un Padre Nuestro, un Ave María y el Credo:

Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de Gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor. Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Coronilla de los Cinco Misterios:

Preciosa sangre de Jesucristo, sana las heridas en el sacratísimo corazón de Jesús y en todos los corazones del mundo entero.

En las doce cuentas siguientes, porque suplicamos por la humanidad entera representada por las doce tribus de Israel:

Preciosa sangre de Jesús, sálvanos a nosotros y al mundo entero.

Continuamos con el Gloria y terminamos cada misterio con la siguiente oración:

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

La preciosísima sangre de Jesucristo

Que la preciosísima sangre que brota de la sagrada cabeza de nuestro señor Jesucristo, templo de la sabiduría divina, tabernáculo del divino conocimiento, luz del cielo y de la tierra, nos cubra ahora y siempre. Amén.

Preciosa sangre de Jesús sana las heridas en el sacratísimo corazón de Jesús y en todos los corazones del mundo entero. Preciosa sangre de Jesús, sálvanos a nosotros y al mundo entero.

Gloria al padre y al hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Preciosa sangre de Jesús sana las heridas en el sacratísimo corazón de Jesús y en todos los corazones del mundo entero. Preciosa sangre de Jesús, sálvanos a nosotros y al mundo entero.

Que la preciosísima sangre que brota de la sagrada cabeza de nuestro señor Jesucristo, templo de la sabiduría divina, tabernáculo del divino conocimiento, luz del cielo y de la tierra, nos cura ahora y siempre. Amén.

Preciosa sangre de Jesús sana las heridas en el sacratísimo corazón de Jesús y en todos los corazones del mundo entero. Preciosa sangre de Jesús, sálvanos a nosotros y al mundo entero.

Gloria al padre y al hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

La poderosa sangre de Jesús

Jesús sálvanos a nosotros y al mundo entero. La preciosísima sangre de Jesucristo es nuestra salvación y protección. Con su sacrificio, nos redimió y nos mostró el amor inmenso de Dios. Imbuido con la sabiduría divina y la luz celestial, Jesús es nuestra guía y fortaleza en cada momento. Su sangre preciosa fluye desde su sagrada cabeza y sana las heridas en su sacratísimo corazón.

La bendición de la sangre de Jesucristo

A través de la preciosísima sangre de Jesucristo, obtendremos la sanación y el consuelo eterno. En cada corazón, la sagrada sangre de Jesús cura las heridas y nos da la esperanza inquebrantable. Debemos alabar al padre, al hijo y al Espíritu Santo, por siempre y por los siglos de los siglos. Que la sangre que brota de Jesucristo nos proteja y nos cure ahora y siempre.

La oración de la Salve

En momentos difíciles, recurrimos a la Virgen María, reina y madre de misericordia. Con devoción, le pedimos su intercesión y protección. Clamamos a ella, los desterrados hijos de Eva, suspirando y llorando por su ayuda. Dios nos salva a través de la Virgen María, quien es nuestra vida, dulzura y esperanza.

Una oración a la virgen María

¡Oh señora, abogada nuestra! Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Oh, Clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

Una invitación a colaborar

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¡Oh señora, abogada nuestra! Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

Oh, Clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

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