9 Salmos Milagrosos y Poderosos en audio alta calidad

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Salmo 36: La fuente de la vida está en ti

El pecado habla: el malvado en el fondo del corazón. El miedo a Dios no existe para él. Se enorgullece de sí mismo, incapaz de descubrir y odiar su culpa. Son sus palabras: maldad y mentira. No quiere ser sensato ni obrar bien. En su cama maquina maldades, se aferra al mal camino, no rechaza la maldad.

Señor, tu amor llega al cielo. Tu fidelidad hasta las nubes. Es tu justicia como los altos montes, como el profundo abismo tus juicios. Señor, tú salvas a personas y animales. Qué espléndido es tu amor, Señor. Bajo tus alas se refugian los humanos. Con los manjares de tu casa se sacian, con el río de tus delicias.

Apaga su ser, pues la fuente de la vida está en ti. Por tu luz vemos nosotros la luz. Trata con amor a quienes te conocen y con justicia a quienes son rectos.

Que no me aplaste el pie del soberbio, que no me haga oír la mano del malvado. Así mismo han caído los malhechores, están abatidos y no pueden levantarse.

Salmo 41: Sé que me quieres

Feliz quien atiende al desvalido, el Señor lo salvará en el día adverso. El Señor lo protegerá, le hará vivir feliz en esta tierra y no lo dejará a merced del enemigo. El Señor lo conforta en el lecho del dolor, le devuelve la salud. Si está postrado, yo dije: "Señor, apiádate de mí, cúrame, pues he pecado contra ti".

Mis enemigos auguran mi desgracia. "Cuando morirá y desaparecerá su nombre". Si uno viene a verme, habla fingiendo, guarda para sí el engaño y al salir fuera lo cuenta. Cuántos me odian murmuran juntos de mí, maquinan contra mí una desgracia, un mal devastador lo invade.

Se acostó y no volverá a levantarse. Hasta mi íntimo amigo, en quien confiaba, el que comía de mi pan, me ha traicionado. Pero tú, Señor, apiádate de mí, restabléceme, que yo les daré su merecido. Por esto sé que me quieres, mi enemigo no puede cantar victoria por mi rectitud.

Tú me sostienes y por siempre me mantienes ante ti. ¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, desde siempre y para siempre! Amén, amén.

Salmo 46: El Señor del universo está con nosotros

Es Dios nuestro refugio, fortaleza, es ayuda constante en la desgracia. Por eso, no tememos si la tierra tiembla, si se desmoronan los montes en medio del mar, si sus aguas se agitan encrespadas, si por su oleaje las montañas se mueven. La corriente de un río alegra la ciudad de Dios, la más santa morada del Altísimo.

Dios está en medio de ella y nunca caerá. Dios la auxilia. Al despertar el día, las naciones se turban, tiemblan los reinos. Él levanta su voz y se deshace la tierra.

El Señor del universo está con nosotros. El día de Jacob es nuestro baluarte. Vengan y contemplen las obras de Dios.

El poder de Dios sobre la Tierra

Pues ha hecho prodigios sobre la Tierra hasta sus confines. Detiene las guerras, rompe el arco, quiebra la lanza, destruye en el fuego los carruajes. Desistan y sepan que soy Dios. Que me alzo sobre las Naciones, sobre todo los pueblos de la Tierra. El Señor del universo está con nosotros. El Dios de Jacob es nuestro baluarte (Salmo 49).

La fugacidad de la riqueza

No perdura el ser humano por su riqueza. Escuchen esto, todos los pueblos. Oigan cuántos habitan la tierra. El pueblo sano y los nobles, los ricos y los humildes. Proclamaré palabras sabias, serán sensatas mis reflexiones. Prestaré atención al proverbio, expondré con la cítara mi enigma. Porque, ¿por qué he de temer en tiempo adverso? ¿Que me acerque la maldad de mis rivales, de aquellos que confían en sus bienes y de su inmensa riqueza se jactan? Pues nadie puede redimir a otro, ni pagar a Dios su rescate. Es tan alto el precio de su vida que siempre le falta algo. Seguirá vivo por siempre. ¿Acaso no verá él la tumba? He aquí que también perezan los sabios, lo mismo que mueren los necios e ignorantes y dejan a otros sus riquezas. Piensan que sus casas son eternas, que son perpetuas sus moradas, que para siempre dominan las tierras. Pero el ser humano no perdura por su riqueza, como los animales mueren igual (Salmo 49).

La confianza en Dios

Este es el destino del que en sí confía, el porvenir de los que hablan satisfechos. Se dirigen al reino de los muertos cual rebaño al que la misma muerte pastorea. De mañana lo someten los íntegros, mientras su imagen se desfigura en el reino de los muertos, lejos de sus palacios. Pero a mí Dios va a rescatarme de la garra del reino de los muertos. Sí, él me llevará consigo. No recelaré si algunos enriquecen, se aumenta el prestigio de su casa. Pues al morir, nada podrá llevarse, su prestigio no descenderá tras él. Mientras él vivía, se felicitaba diciendo: "Te admiran porque has prosperado". Marchará junto a sus antepasados que ella nunca más verán la luz. No perdura el ser humano por su riqueza, como mueren los animales iguales (Salmo 49).

Refugio en Dios

Quisiera morar en tu tienda, oh Dios. Mi clamor escucha, mi ruego desde el confín de la tierra. Te llamo mientras mi corazón desfallece. Llévame a la roca que se alza inaccesible. Porque tú eres para mí un refugio, una fortaleza frente al enemigo. Quisiera morar siempre en tu tienda, refugiarme al amparo de tus alas. Pues tú, Dios, aceptaste mis promesas, me diste la heredad de quien te honra. Concede largos años al rey, que dure su vida por generaciones, que él reine por siempre ante Dios. Convoca para protegerlo al amor y a la verdad. Yo cantaré eternamente tu nombre y cumpliré mis promesas día tras día (Salmo 61).

La paz en Dios

Solo Dios es mi descanso, solo Dios es mi descanso. De él viene mi salvación. Solo él es mi roca, mi salvación, mi fortaleza. No sucumbiré. ¿Hasta cuando atacarán?

Dios, nuestra fortaleza y refugio

En momentos de adversidad, cuando todo se derrumba a nuestro alrededor, solo Dios es nuestra esperanza y fortaleza. Él es nuestra roca y salvación, en quien podemos confiar plenamente. A veces, los demás buscarán arrebatarnos nuestra grandeza y nos enfrentaremos a la maldad. Sin embargo, Dios es nuestro refugio y nuestro apoyo.

La verdadera justicia de Dios

El salmo 75 nos habla de cómo Dios es el único que tiene el poder de juzgar. No debemos confiar en la violencia ni en los engaños que nos rodean, porque Dios pagará a cada uno como merece según sus obras. Debemos confiar en que la justicia divina prevalecerá y que el justo saldrá victorioso.

La paz y el amor de Dios

El salmo 85 nos recuerda que Dios habla de paz a su pueblo y ha sido misericordioso con nosotros. Ha perdonado nuestros pecados y ha contenido su ira. Debemos renovarnos en su amor y apartar la cólera de Dios de nosotros. El amor, la verdad, la justicia y la paz se encuentran en Dios, y él traerá prosperidad a nuestra tierra.

La protección de Dios

El salmo 91 nos dice que el Señor es nuestro refugio y que podemos buscar amparo en él. En los momentos de dificultad, podemos confiar en su protección y vivir bajo su cobertura. Él es quien nos da fuerzas para enfrentar los desafíos y nos guía en nuestro caminar.

Todopoderoso, mi refugio y mi baluarte

Di al Señor: "Tú eres mi refugio, mi baluarte, mi Dios en quien confío". Él te librará de la red del cazador y de la peste asoladora. Con sus plumas te resguardará, bajo sus alas te dará cobijo. Un escudo y armadura será para ti.

No temas la noche ni el día

No temerás el terror de la noche, ni la flecha que ondea de día. Tampoco la peste que surca la niebla ni la plaga que devasta pleno día. Incluso si caen mil a tu lado y diez mil a tu diestra, a ti no podrán alcanzarte. Solo con abrir los ojos verás el escarmiento del malvado, porque el Señor es tu refugio y has hecho del Altísimo tu amparo.

La protección divina

No vendrá sobre ti la desgracia, ni mal alguno alcanzará tu morada. Pues él ordenará a sus ángeles protegerte en todas tus sendas, te llevarán en las palmas de sus manos para que tu pie no tropiece con piedra. Caminarás sobre el león y la víbora, pisarás al león y al dragón.

La promesa de Dios

Voy a salvarte, pues te has acogido a mí. Te protegeré, pues me conoces. Me llamarás y te responderé. Estaré contigo en la angustia, te libraré y te engrandeceré. Te daré una larga vida y haré que veas mi salvación. Amén.

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