9 NOVENA A SAN IGNACIO DE LOYOLA NOVENO DIA 9

San Ignacio de Loyola: El legado de un hombre inspirador

Día Noveno

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero: Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me sea impuesta. Confió en vuestra bondad y misericordia infinita, que me perdonaréis por los méritos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte. Y me darás gracia para enmendarme y perseverar en vuestro santo amor y servicio hasta el fin de mi vida. Amén.

Glorioso y santo Padre y patriarca San Ignacio, fundador de la Compañía de Jesús y padre amantísimo. Si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mi alma, que yo consiga la gracia que os pido en esta novena, alcanzar la del Señor. Y si no, ordena mi petición con todos mis pensamientos, palabras y obras, a lo que fue siempre el blasón de nuestras heroicas empresas: a mayor gloria de Dios.

Día Noveno: Jesús mío dulcísimo, que al morir mostraste el amor y deseo ardiente que tenías de que los hombres todos a Mazén reverenciasen y sirviesen a vuestra Santísima Madre. Encomendando la al discípulo amado, os ofrezco los merecimientos de mi glorioso padre San Ignacio. Y singularmente los que atesoro con la cordialísima de emoción que profesaba a María Santísima, a quien escogió como madre desde su conversión. Y después, esta señora y su oficio de madre amorosa en todas las empresas que, para mayor gloria vuestra, emprendió el santo. Iluminándole para que escribiese el libro admirable de los Ejercicios y el de las Constituciones y Reglas de la Compañía. Os suplico, padre amantísimo de mi alma, me concedáis una sólida y cordial devoción para que, con María Santísima, vuestra madre, aquella devoción que es señal cierta de predestinados, yo sirva a esta señora con los obsequios del más fiel y obediente hijo.

PADRE NUESTRO que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén.

Cada día perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal. Amén.

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oraciones finales para todos los días

Primera oración: Santísimo Padre, patriarca San Ignacio, a quien Jesús escogió como capitán de su sagrada compañía y adorno con todas las virtudes. Ángel en la pureza de cuerpo y mente, arcángel encargado de tantos negocios para la gloria de Dios y el bien de las almas. Principado en la dirección de tantos espíritus felices. Potestad poderosísima para echar a los demonios de los cuerpos y de las almas. Virtud prodigiosa en milagros estupendos. Dominación suprema de la compañía que formó y sigue formando desde el cielo los ministros evangélicos. Trono elevadísimo en el que descansa la gloria de Dios. Sapientísimo querubín, cuya mente ilustrada por el Espíritu Santo dictó sabiduría celeste. Serafín fogoso, que aspiró y aspira continuamente desde el cielo a encender al mundo en llamas del divino amor. Paraíso de todas las virtudes y gracias que formaron la heroicidad de vuestra grande alma. Padre mío amantísimo, me gozo al veros tan superior a todos. Imploro vuestra beninísima caridad para que viva una vida cristiana conforme a las obligaciones de mi estado, observando perfectamente la ley santa de Dios y los consejos evangélicos que me pertenecen.

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Una vida en busca de la gloria de Dios

*Y que no buscando en todas mis acciones otra cosa que la mayor gloria de Dios, consiga una muerte dichosa en los brazos de Jesús, en el amparo de María Santísima y en vuestra presencia.*

Es importante vivir cada momento de nuestras vidas buscando la gloria de Dios en todo lo que hagamos. Debemos aspirar a tener una muerte dichosa en los brazos de Jesús, acompañados por la protección de María Santísima y la presencia divina.

La importancia de la fe y la devoción

*Espero, Padre mío dulcísimo y suavísimo, mi alcance y estas gracias tan importantes para mi eterna salvación y el favor que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro y provecho en mi alma. Amén.*

Cuando rezamos con fe y devoción, abrimos nuestro corazón a las gracias y bendiciones que Dios tiene reservadas para nosotros. Es importante estar dispuestos a aceptar su voluntad y confiar en que todo lo que pedimos será para mayor gloria de Dios y nuestro propio bienestar espiritual.

La entrega a Dios

*"Aquí señalar lo que se necesita con mucha fe y devoción. Si desea, pause el artículo".

Oh Dios infinitamente bueno y misericordioso, pues he recibido de vuestra majestad todos los dones naturales y sobrenaturales que tengo, deseoso de ser en alguna manera agradecido a vuestras misericordias, os vuelvo cuanto me habéis dado con esta ofrenda familiar en el corazón y en los labios de mi glorioso padre San Ignacio.

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria y entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y poseer. Vos me lo disteis a Vos, Señor, doctor. No todo es vuestro disponer a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que eso me basta.*

Entregarnos completamente a Dios es mostrarle nuestra gratitud por todo lo que nos ha dado. Debemos ofrecerle todo lo que somos y tenemos, reconociendo que todo es suyo. En esta entrega, pedimos su amor y gracia para llenar nuestras vidas y satisfacer nuestras necesidades espirituales.

La ayuda de San Ignacio

*Oh Dios, que para propagar la mayor gloria de tu nombre has fortalecido por medio de San Ignacio a la Iglesia militante con un nuevo auxilio, alcanzamos que con su ayuda y habitación suya peleemos en la tierra hasta conseguir ser coronados con él en el cielo. Por Cristo nuestro Señor. Amén.*

San Ignacio de Loyola fue un gran ejemplo de entrega a Dios y lucha por la gloria de su nombre. A través de su intercesión, podemos pedir que nos fortalezca y nos acompañe en nuestro caminar espiritual. Con su ayuda, podremos luchar en este mundo y esperar ser coronados en el cielo junto a él.

Oración final y bendición

*Oración final para cuando se termine la novena.

Glorioso patriarca San Ignacio de Loyola, te pedimos que a todos los que hemos rezado esta novena completa con devoción y fe, y si es para el bien de nuestra alma, nos cumplas la petición que con humildad hemos solicitado. Nos asistas en todo momento, nos libres de los ataques del maligno y nos acompañes en los instantes de nuestra muerte, para que, junto a ti, seamos llevados a la gloria de Dios y seamos contados entre los bienaventurados del cielo. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.*

Finalizamos esta novena confiando en la intercesión de San Ignacio de Loyola. Pedimos su ayuda en nuestras necesidades espirituales y en el momento de nuestra partida de este mundo. Con su guía, esperamos ser acogidos en la gloria celestial. Que la bendición de Dios esté siempre con nosotros.

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