7 NOVENA A SAN IGNACIO DE LOYOLA SEPTIMO DIA 7

La poderosa y milagrosa novena a San Ignacio de Loyola para alcanzar tus deseos

Oraciones para todos los días

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, creador, padre y redentor mío, por ser vos quien sois y porque usamos sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofender os, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Y así como lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita que los perdonaré, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracias para enmendarme y perseverar en vuestro santo amor y servicio hasta el fin de mi vida. Amén.

Glorioso y ximo padre y patriarca San Ignacio

Fundador de la Compañía de Jesús y padre amantísimo, si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mi alma que yo consiga la gracia que os pido en esta novena, alcanzar la del Señor. Y si no, ordenar mi petición con todos mis pensamientos, palabras y obras a lo que fue siempre el plazo de nuestras heroicas empresas, a mayor gloria de Dios.

Día Séptimo

Jesús mío dulcísimo, que con las austeridades de vuestra sacratísima vida, pasión y muerte procuráis inspirarnos una vida austera, rígida, penitente y mortificada, os ofrezco los merecimientos de mi padre San Ignacio y singularmente los de su espantosa penitencia, con la cual convirtió la gruta de Manresa en un abreviado mapa de los rigores de Egipto, Tebaida y Nubia, y venció todas sus pasiones hasta reducirlas a ser instrumento de la divina gracia.

Os suplico, padre amantísimo, en mi alma me concedáis una mortificación interior y exterior tan perfecta que sujete todas mis pasiones y apetitos a la gracia, y con austeridades y penitencias de la carne, mi cuerpo obedezca las leyes de una cantidad evangélica y la gracia que os pido en esta novena, a mayor gloria de Dios, honor del santo y bien de mi alma. Amén.

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén.

document.title = "Novena a San Ignacio de Loyola - Día Séptimo",

La oración del Padre Nuestro

A nosotros tu reino hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén.

La Salve

Dios te salve María, llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres. Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oraciones finales para todos los días

Primera oración:

Santísimo Padre, patriarca San Ignacio, a quien Jesús escogió como capitán de su sagrada compañía y adorno con todas las virtudes. Tú que desempeñaste este supremo cargo, ángel en la pureza de cuerpo y mente. Arcángel encargado de tantos negocios para la mayor gloria de Dios y bien de las almas. Principado en celo en la dirección de tantos millares de espíritus felices. Potestad poderosísima para echar a los demonios de los cuerpos y de las almas. Virtud prodigiosa en tantos y tan estupendos milagros. Dominación suprema de la compañía y formador de tan dignos ministros evangélicos. Ahora continúas informándolos desde el cielo. Trono elevadísimo en quien descansa la mayor gloria de Dios. Recorres en tu fogosa alma todas las partes del mundo. Sapientísimo querubín cuya mente fue ilustrada por el Espíritu Santo para dictar sabiduría celestial. Serafín de fuegos y máximo amor. Paraiso de todas las virtudes y gracias. La heroicidad nunca bastante mente alabada de tu grande alma. Como padre mío amantísimo, me gozo de verte tan superior a cuantos elogios pueda darnos ni balbuciente lengua, y concebir me tardo entendimiento aunque inspirado de una voluntad ansiosa de amarte y de que te amen todos los hombres. Confío en tu piedad e imploro tu venida y suprema caridad. Que viva yo una vida verdaderamente cristiana, conforme a las obligaciones de mi estado. Que observe perfectamente la ley santa de Dios y los consejos evangélicos que me pertenecen. Que no busque en todas mis acciones otra cosa que la mayor gloria de Dios. Que consiga una muerte dichosa en los brazos de Jesús, en el amparo de María Santísima y en tu presencia. Espero, padre mío dulcísimo.

Sagrada novena a San Ignacio de Loyola

Suavísimo alcance y gracias importantes para mi salvación eterna. Te pido en esta novena que, si es para mayor gloria de Dios y provecho de mi alma, me concedas el favor que tanto deseo. Con fe y devoción, señalo lo que necesito. Si lo deseas, puedes pausar el vídeo.

Segunda oración: Ofrenda a Dios

Oh Dios infinitamente bueno y misericordioso, has sido generoso al concederme todos los dones naturales y sobrenaturales que poseo. Deseando agradecer tus misericordias, te ofrezco todo lo que me has dado, desde lo más profundo de mi corazón y mis labios. Tómalo, Señor, y haz con él según tu voluntad. Dame tu amor y gracia, que me bastan.

Tercera oración: Fortaleza para la Iglesia

Oh Dios, que por medio de San Ignacio fortaleciste a la Iglesia para propagar la mayor gloria de tu nombre, te pedimos que nos concedas su ayuda y protección. Con su asistencia, luchemos en la tierra para ser coronados junto a él en el cielo. Por Cristo nuestro Señor, amén.

Oración final: Petición por los fieles

Glorioso patriarca San Ignacio de Loyola, te pedimos que, a todos los que hemos rezado esta novena con devoción y fe, nos cumplas la petición humilde que te hemos solicitado, si es para el bien de nuestra alma. Asístenos en todo momento, líbranos de los ataques del enemigo y acompáñanos en el instante de nuestra muerte. Que, junto a ti, seamos llevados a la gloria de Dios y contados entre los bienaventurados del cielo. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

A mayor gloria de Dios, ¡gracias por leer este artículo!

Te invitamos a que te suscribas a nuestro canal y compartas este contenido. Agradecemos tu apoyo y que compartas la fe con más personas. ¡Dios te bendiga!

Artículos relacionados

Deja un comentario